jueves 23 de julio de 2009

Envejecer y ver que llegó la hora


Hoy me faltó el aire. La brisa caliente del verano caribeño no ocupó el vacío que se llenaba al costado de mi vida, ahí donde el espacio no toca y no se sabe con certeza si lo que llena el vacío es un hombre o un elefante; un desliz o un profundo desarraigo hacia el mundo. Hoy sentí que mis pulmones me pedían más y mi corazón me pedía menos, agotado veía mis manos sonreírme; me decían que ellas todavía podían y yo las consentía con una mirada paternal que condescendientemente rogaba que su aspecto cansado y arrugado no correspondiera con la energía de su consistencia y su seguir adelante. Las calles no eran igual para mí, y mucho menos la gente.

En el transcurso de un paso de generación las miradas se despersonalizan, el espacio que por años circundé y que me resultaba más familiar que mis propios miembros hoy me resulta habitado de interrogantes, de misterios sordos y correspondencias equivocadas. Me alejo del camino que me vio crecer y me voy; no sé a dónde pero me retiro. Y en las mañanas tristes y asoladas de desconocidos me despierto y me falta el aliento, mi mente se inunda de interrogantes, de miles de interrogantes que se reducen en una sola palabra, en un paisaje desolador inevitable y recorrido por todos. ¿Soy yo el que ha cambiado? ¿A dónde iré? y donde el pensamiento no es, ¿sentiré angustia? Muchos años ya han pasado y supongo que ya es hora; pero ¿cómo despedirme? Cómo enfrentarme a esa brisa mañanera de armonías cromáticas, a ese aroma de la piel bronceada en el horizonte de recuerdos. A la risa de un niño. El murmullo de los insectos y las ramas de los manglares. Cómo dejar de pensar en la primera caricia, en el rozar de cuerpos y en el silencio de quien calla por respeto. Cómo dejar de sentir compasión, arrepentimiento y ligereza.

Me iré sin mirar atrás; y recordaré, un instante antes de cruzar , que fue aquí donde sentí la vida. Es aquí donde mi existencia reposará; en un árbol, una flor, o en una ola.

jueves 7 de mayo de 2009

Entre el cigarro, el semáforo y el parabrisas

Con la iluminación de la noche,

te prendí un cigarro.

Me dijiste que llevara el corazón

sin artilugios y con un imán de besos sueltos.


Y mientras la luz del semáforo dilataba nuestras miradas,

tragaste saliva.

Tu cuello delató aquel desliz que tu mente ya planeaba

y en un juzgar de labios, me tocaste el hombro.


Fue ahí cuando entendí que eso deseabas,

que una vida no se acaba en una noche de semáforos,

ni de luces penetrando el parabrisas.


Hoy, la costumbre no diría que empezamos

hace más de veinte años

a resumir nuestras vidas

entre un contigo y un sin tí.


Hoy contigo suena más que veinte años.

Suena más que dos vidas continuadas

entre el cigarro, el semáforo y el parabrisas.

lunes 27 de abril de 2009

Lo que tengo

A grandes rasgos, tengo una casa,

un árbol enjaulado y un jabón deshecho,

un armario escondido y un vagón cansado

de sembrar tantos recuerdos de dolor y llanto.


A grandes rasgos, tengo unas manos,

unas piernas flacas y un lunar vaquero,

unos ojos tristes y un sabor amargo

de recuerdos tristes de sudor y olvido.



Tengo ojos tristes de dolor ajeno,

del sudor; aliento y sufrimiento

de quien da la vida por cincuenta pesos.

sábado 14 de febrero de 2009

A ti



No pido por mí, concéntrate en ellos.

Lo mío no importa, concéntrate en ellos.

Yo veo como me las arreglo

sin ti.



Si rezo, no me escuches.



Ya habrá tiempo después.

martes 3 de febrero de 2009

Soy sólo yo


Me ofreciste luna y noche en acostumbrado cielo,

mientras relamías el juicio de mis torpes sentidos,

y aún así,

te persigo.


Juraste remitirme

a un dios sin escaleras,

a un fin en el principio de ojos claros sonrosado

de azul cielo y de perfumes con olor… ¿a frío eterno?


¿Eres tú el que exististe más allá de mi vacío?

O soy yo la que persisto.

lunes 26 de enero de 2009

A Mirielle

Bajo la humilde mirada
de quien yace,
hincada ante tu pluma y tu mirada,
te sonrío.

Pero no es una sonrisa de verano,
un simple ejercer el labio arriba,
es más bien un pacto de
complicidad,
un alivio y un eterno
agradecimiento.


Eterna sea tu pluma y la poesía,
eterno sea el lector y la osadía.

viernes 23 de enero de 2009

A Lorenzo

Quise escribir un alivio,
un alivio quizás, o un desahogo.

Mas me quedé en blanco ante el sudor de sus ojos,
esos ojos que combinaban con la bolsa arrugada,
negra como sólo ella.

¿Lo reconoces?
Sí.
El sí más seco que engrapó mis labios.

Ay Lorenzo... tan Narciso y tan ridículo.
Prometo que deseaba arreglarte,
quitarte esa bolsa que tan mal vestías.

Pero mi pena no pudo romper el canon,
entrar, mirar, sí, desmoronarme y salir.

Ay Lorenzo... Lo penoso no me lo quita nadie,
Ni tú cubierto en bolsas negras,
ni el dolor, ni nadie.

Quise escribir un alivio,
un alivio quizás,
un arrepentimiento.

¿Que si siento?
No... es tarde para sentirte.